Por una moda no solo más sostenible, sino también más consciente

La XIX Jornada de Moda Sostenible puso el foco sobre los materiales, los modelos de negocio y los hábitos de consumo; los tres pilares que vertebran la redefinición de la industria textil

07/05/2026

Mirari Gómez

La sostenibilidad nos compete a todos y ha de ser una elección consciente de cada persona. Es una de las principales conclusiones que se extrajeron de la Jornada de Moda Sostenible que se celebró este jueves en DV Gunea. La 19ª edición del foro organizado por el Departamento de Sostenibilidad de la Diputación Foral de Gipuzkoa, a través de su pionero clúster GK Green Fashion, propuso un interesante programa titulado ‘Fashion Reimagined: materiales, impacto y revolución’ que se desarrolló a lo largo de cuatro horas y contó con la participación de una docena de expertos nacionales e internacionales de primer nivel.

Con Laura Chamorro, directora de San Sebastián Moda Festival, en las labores de presentradora y moderadora, la jornada se dividió en dos ponencias y tres mesas redondas, así como en una fructífera pausa para café que asistentes y ponentes aprovecharon para realizar ‘networking’.

Fue un inmejorable resumen de la jornada. Mónica Pedreira, directora general de Transición Ecológica, volvió al estrado con sus ’10 ideas para cambiar la moda en 10 años’, una exposición en la que sintetizó varias convicciones como que «producir menos será producir mejor; el objetivo es que la calidad se imponga a la cantidad». Hizo mención al residuo textil que «dejará de ser invisible» y «será recurso», lo que le valió para ofrecer el dato de que «solo en Gipuzkoa gestionamos 3.000 toneladas de residuo textil» y para poner en valor que «la tecnología e innovación tienen que ser aliados», apostando por «nuevos desarrollos biotecnológicos: la innovación vendrá de la naturaleza».

Consciente de que «ser 100 % sostenibles es imposible», animó a «asumir esa imperfección con el compromiso de transicionar al futuro» e hizo un llamamiento a la trazabilidad radical y a «dar valor a quién ha hecho la ropa» para «no pensar en toneladas de ropa, sino en toneladas de empleo». También dijo que el «’greenwashing’, que es una de las cuestiones más perjudiciales para la moda sostenible, caducará» y apostó por «acercar las tiendas de segunda mano» y hacer de la reparación «un acto de orgullo». Para finalizar, asumió que la administración «tiene que acompañar», pues «el cambio real sucede cuando se crean alianzas y se colabora».

Llegada desde Reino Unido, Lou Stokes inauguró por todo lo alto el foro con una ponencia en la que evidenció que «la moda nunca ha tenido que ver con la ropa, sino con los sentimientos» y que «el motor de la industria textil no son las previsiones de tendencia, ni las campañas de marketing… sino la brecha entre quienes somos y quienes queremos llegar a ser».

Tras exponer unas llamativas cifras como que «a nivel mundial se producen anualmente más de 100.000 millones de prendas al año, el doble que hace quince años»; o que «una persona de cualquier país de occidente compra de media 65 prendas al año», mientras que en los 80 la cifra era de doce; la experta constató que el éxito del ‘fast fashion’ se basa en «la desconexión entre lo que consumimos y lo que valoramos» y en «hacer que la novedad se vea como una necesidad». Debido a la moda rápida, «la velocidad se ha vuelto tan extrema que ha traspasado los límites del sector» y lo ejemplificó con que «una prenda no es solo para vestirse, sino es material para crear contenido para redes sociales que te pones una vez y es desechada».

Ante ese «sistema que hemos construido», planteó que la respuesta no pasa solo por convertirlo en sostenible porque «si no abordamos la lógica emocional que impulsó el consumo en su origen, vamos a crear una versión más sostenible, pero de ese mismo sistema». Un sistema que «ha dejado de tener sentido», lo que le llevó a mostrarse «esperanzada» porque ha motivado y acelerado nuevos modelos de negocio que analizó en detalle, como el mercado de reventa o segunda mano, la moda de alquiler, la producción bajo pedido o la reparación. Modelos que «no es solo que sean más sostenibles, sino que ofrecen algo que el modelo tradicional del ‘fast fashion’ elimina sistemáticamente: el significado de una prenda, la emoción y la participación». Asimismo, agregó que estas fórmulas «introducen la deliberación» en el proceso de compra, emplazando al usuario «a que tome una decisión, no solo a que haga clic».

En cuanto a los consumidores, que «están respondiendo positivamente», puso el foco en la generación Z con una dicotomía: «El 73 % dice estar dispuesta a pagar más por prendas sostenibles, pero, al mismo tiempo, es la mayor consumidora de moda ultrarrápida». No lo tachó de hipocresía sino de «falta de alineación», dado que «es una generación que defiende valores progresistas en materia de sostenibilidad, pero que vive expuesto a una presión financiera real y a un entorno digital diseñado para convertir el impulso en compra». Por ello, «no necesitan que les convenzamos de nada, sino hacer que la moda sostenible sea una elección consciente más fácil, accesible y satisfactoria que aquella a la que quiere sustituir».

Bajo el título ‘Materiales que cambian las reglas’, la primera mesa de la jornada reunió a Julia Sánchez, fashion designer and product developer en Sepiia; Aniela Hoitink, fundadora, consultora y ambassador of award-winning de NEFFA & MYCOTEX; e Irene Díez, responsable de Innovación y Sostenibilidad de ECOALF. Esta última es una marca que «nació con la vocación de una nueva forma de hacer moda y una parte alta de ese impacto reside en el desarrollo de nuevos materiales», explicó Díez, dejando la reflexión de que «hay que invertir, no solo dinero, también ganas» porque «la cadena textil es muy larga y tener el control de los materiales es muy exigente».

Sobre el uso de dichos materiales habló Sánchez, quien indicó que «materiales y diseño van completamente de la mano», por lo que «lo ideal, además de introducir nuevos materiales en el mercado, es fijarnos en el diseño que le vamos a dar para crear prendas funcionales y útiles para el consumidor». Eso es lo que hace Sepiia con «tejidos que se arrugan menos y requieren menos cuidado y lavados». Hoitink, por su parte, consideró que «como sector, hay que ser más creativos a la hora de desarrollar nuevos materiales» porque «principalmente utilizamos algodón, poliéster… pero en la innovación de materiales estamos ante una hora en blanco muy interesante y emocionante».

La segunda mesa versó sobre ‘Modelos de negocio que rompen el sistema’ y reunió a Paolo Guarino, CSR manager en MUD Jeans; Mariola Marcet, CEO y fundadora de Upcyclick; y Aritza Loroño, fundador y gerente de Micolet. Cada uno de ellos expuso su modelo empresarial, encajados en la llamada economía circular que, parece, está en auge.

No hay duda de que el mercado de segunda mano va en aumento, pues una plataforma como Micolet creada «hace doce años vende al mes unas 150.000 prendas». Sin embargo, Loroño cree que la clave está en que «antes se escondía el consumo de la ropa de segunda mano y ahora ya no»; y con un punto pesimista expuso que «nadie compra por convicción este tipo de prendas recicladas; la gente busca moda y mejor precio». La empresa para la que trabaja Guarino, por su parte, «invita al consumidor a devolver sus vaqueros para reutilizar el tejido», por lo que su apuesta fue «introducir un plan de depósito en tiendas y marcas, bonificando el reciclaje de prendas». La customización de las prendas para reutilizarlas se llama ‘upcycling’ y es el ámbito al que se dedica el proyecto de Marcet, quien consideró que «todos podemos aportar con pequeños gestos como alargar la vida útil de las prendas, repararlas, transformarlas, reciclarlas… apostando por combinar las diversas fórmulas de la economía circular».

Moda, cultura y cambio social’ fue el título de la última mesa redonda, que puso el foco sobre los hábitos de consumo sociales y, especialmente, en los de la generación Z. La divulgadora sobre moda sostenible y consumo consciente Martina Lubián, cuyo escenario son las redes sociales, puso sobre la mesa la inmensidad de estas herramientas: «Hay tanto ‘hauls’ masivos como perfiles como el mío de transformar tu consumo a la sostenibilidad; aunque consumamos generalmente a la gente a la que buscamos imitar, es difícil para la gente, a pesar de estar concienciada, salir de ese impacto de consumo masivo de ropa».

Hablamos de una generación Z que «ha nacido en un entorno digital y con conciencia medioambiental», pero que en cuyo consumo «da valor a lo económico, seguido de la rapidez, compra veloz; y de la facilidad, con un solo clic», expuso José Carlos Alonso, profesor del Área Textil de AEG. Una generación que «es la más consciente, pero no la más consecuente», apuntó Álvaro Justribó, fundador y head of business strategy de Mazinn, aunque destacó «la aportación indirecta de poder descubrir esta moda a sus mayores». Ante la pregunta de si la generación Z va a cambiar la moda, mostraron pesimismo y señalaron como responsables a las empresas, apostando por una regulación que «delimite su volumen de producción».